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sábado, enero 05, 2013

Mitos del porno

La pornografía siempre me pareció educativa”, dice José, uno de nuestros lectores, refiriéndose a que viendo películas porno aprendió algunas “movidas” que ayudaron a su vida sexual. De la misma forma que José, muchos hombres acuden a películas pornográficas no solo para excitarse, sino también para aprender algo más sobre el erotismo y el placer. Sin embargo, la sexóloga peruana Ana Fernández explica que el objetivo de la pornografía no es educar y que puede causar problemas de pareja.

Partamos entendiendo que la pornografía se basa en fantasías, por lo tanto, como en toda producción cinematográfica, estamos ante ficciones, que no tienen casi nada que ver con la realidad de la vida sexual en pareja.

Aunque todo hombre inteligente entendería esto, los problemas a los que se refiere la sexóloga comienzan precisamente porque no todos los hombres quieren aceptar que el “porno”, el 80 por ciento es puro fantasía. Para aquellos crédulos enumeramos algunos mitos.

1 Bien dotados

"No todos tienen un pene descomunal", comenta la directora de películas porno y dibujante de cómics, Sandra Uve, en un artículo de Men’s Health. "Lo que sí es cierto es que en las películas de éxito siempre hay uno que lo tiene muy grande. Vende más, como pasa con los buenos traseros. Pero muchas veces en una película salen varios chicos y algunos lo tienen normal. Con 17 centímetros es suficiente".

2 El sexo salvaje

Desde sus inicios el porno está diseñado para público masculino, y se ha comprobado que las escenas en las que la actriz es tratada con poca delicadeza o incluso con rudeza son más excitantes, y obvio, venden más. Pero en la mayoría de las dinámicas torpes, durante las cuales cualquier mujer -sin cortes ni ediciones- terminará lastimada y con seguridad se le dificultarían el placer y el orgasmo.

3 Penetración y orgasmo

La explicación pende del punto anterior. Es increíble que desde los inicios del cine, no sólo del pornográfico, jamás se haya mostrado la estimulación clitoridea como el vehículo al placer femenino. Con penetración simple, sólo el 30% de las mujeres a nivel global llegan al clímax. Pero, claro, ahí tienen desde a Ron Jeremy en sus 1900 filmes hasta a Marlon Brando en Last tango en Paris, reforzando el mito.

4 Orgasmos fingidos

Este es un mito a medias. "Muchas veces las actrices llegamos al orgasmo, lo que pasa es que el director ha marcado un punto en el que tienes que tenerlo y, claro, a veces no coincide con el momento en el que te lo estás pasando mejor, que es antes o después. De todos modos, yo, por ejemplo, en la vida real no soy tan escandalosa. Un poco lo exageras, porque estás rodando una película", confiesa la actriz porno húngara, Sophie Evans.

5 Es cosa de hombres

Pues no, ellas también ven porno, aunque lo nieguen. "Lo ven muchísimas mujeres. El cambio se ha dado por la posibilidad de verlo a través de Internet. Hay un montón de opciones que van desde películas soft hasta todos los subgéneros del porno. Y ahí es donde las mujeres han encontrado lo que más le gusta y se han hecho consumidoras de porno", aclara la directora de películas porno, Sandra Uve.

6 Las mujeres no son objeto

No es un lamento feminista, sino la pura realidad. "Es una industria que se basa en el sexo y el dinero. Lo que cuentan son las cifras y eso es lo que funciona. Además casi todos los productores son hombres y son ellos los que deciden el contenido de la película y después se la encargan a un director. De todos modos, existe un pequeño porcentaje de películas que tratan de otra forma a la mujer y cada vez se hacen más en este sentido", comenta Uve.

7 Eyaculación femenina

Todas esas imágenes de mujeres lanzando proyectiles eyaculatorios hacen pensar que todo radica en cómo ‘la muevas’. Falso. La capacidad eyaculatoria o potencial de squirting de una mujer depende de que haya nacido con las glándulas de Skene sensibles y prominentes. Estas son las responsables de la expulsión de este líquido parecido al prostático por la uretra.

8 El vibrador

Nunca falta el director que pone a sus estrellas a usar unas mazorcas de medio metro para penetraciones anales o vaginales y que en la vida real no producirían más que lágrimas e hinchazón. El uso de juguetes sexuales en pareja requiere comodidad y es una herramienta para exacerbar sensaciones, no para terminar en el hospital.

9 De orificio en orificio

En toda práctica donde se incluye el sexo anal debe haber muchas especificaciones. Primeramente debes estimular externamente e ir dilatando los músculos radiados de ano, no como se ve: de buenas a primeras. Se debe usar una muy buena cantidad de lubricante para evitar romper los vasos sanguíneos y utilizar un condón para impedir que todas las bacterias del recto lleguen a tu organismo. Y, jamás debes penetrar posteriormente la vagina.

10 Horas de placer

Uno de los grandes mitos es que las mujeres tienen orgasmos cada vez que practican sexo. Por supuesto que no es verdad, ni siquiera es verdad en el caso de los hombres, a veces no se llega y no se llega. Tampoco es cierto que los hombres duran horas y horas teniendo relaciones sexuales. Bueno, algún día se puede tener una noche muy especial, pero por lo normal, después de un orgasmo ataca el sueño y ahí se acabó todo.

LA PROFE

Por Almudena Torres

[Notable revelación femenina en narrativa erótica]

Mío

Era un niño. Musculoso y fortachón, con la barba après five o’clock tea, el vientre tenso y duro y la raíz que se adivinaba enorme bajo el jeans apretado, pero era un niño. Un niño de casi treinta años.

Lo supe esa misma noche, mientras tocaban una lenta y yo sentía que, al besarlo, algo de él se movía con vida propia debajo de su cintura, y más tarde, cuando me llevó apresurado a su departamento y me arrancó la ropa y se quitó la suya como pudo para sumergirse en mí como el pez en el agua.

Como buen niño, diría a la noche siguiente que me había poseído, que fui suya, o usaría palabras más soeces y definitivas para subrayar su cualidad de macho.

Pero era un niño, y yo volví a saberlo cuando lo recibí en mí, iluso de poseerme cuando era yo quien lo devoraba a mi gusto, calculando los tiempos, acelerando o bajando el ritmo, aunque lo traicionara su primera urgencia. Pero, tras un breve reposo, fui yo la que volvió a la carga, con esa tibieza y suavidad de la lengua, un apéndice femenino que tantas delicias provoca, (no lo digo yo sino Ángeles Mastretta), y entonces me regalé a gusto recorriendo su cuerpo con mi boca húmeda, en una ceremonia interminable en la cual yo era dueña de su tiempo y, cómo no, del mío, incluso en el momento en que volvió dentro de mí, pero ya no con la urgencia de la primera vez sino con el temor de quien se aventura por territorio desconocido.

Y entonces ya no podía decir que me había poseído, aunque yo sí podía jactarme de que fue mío. Pero las mujeres sabemos callar, sabemos esperar, sabemos tejer la telaraña donde caerán solitos estos bellos nenes incautos.