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lunes, agosto 27, 2012

El mundo de un joven estríper y el vivir del sexo

Esta es la historia de uno de los tantos hombres que ofrecen sus servicios a mujeres con anuncios publicados en periódicos, páginas de internet y locales nocturnos de Santa Cruz. Advertimos que este reportaje contiene frases que podrían repercutir la sensibilidad del lector.
El testimonio obtenido fue recogido tras un seguimiento realizado “in situ” durante dos fines de semana en un local nocturno de la ciudad de Santa Cruz, sobre el insólito oficio del que vive “Jairo”, de 26 años, estudiante de Arquitectura durante el día y bailarín sensual cuando cae la noche.
“¿Quieres pasar la mejor noche de tu vida? Experto profesional que llenará de erotismo, picardía y sensualidad tu cumpleaños o despedida de soltera, ese soy yo, Jairo, sólo llama y llegaré en minutos, prometo que te soltarás con confianza, recuérdalo. Celebramos despedidas de solteras, cumpleaños, serenatas, bienvenidas de viaje, despedidas, shows y más. Solamente para mujeres. Llámame al 71382…”, dice textualmente el anuncio de R.G., quien practica el oficio de bailar eróticamente para mujeres desde los 22 años.
“Estoy convencido de que la mujer quiere un macho experto en danzas eróticas y en cumplir sus fantasías, pues cuando llega la noche, muchas quieren desinhibirse”, explica Jairo, a quien se lo podría describir con un rostro aniñado, con una altura aproximada de un 1,90 metros, y posee una musculatura desarrollada, ya que “si hay algún sacrificio que se debe conservar en esta profesión, sin duda, son las horas de gimnasio”, actividad que le toma entre dos a tres horas diarias de sesión. Precisamente en el gimnasio fue donde un amigo le ofreció ingresar al rubro.
Quitarse la ropa por dinero es sin duda un negocio antiquísimo, pero es ahora cuando los valores de la sociedad, en especial de la mujer, lo hacen tan rentable, pues en pocas horas los bailarines eróticos pueden ganar lo que a un obrero común le toma dos semanas o tal vez más.
Jairo “labura” de jueves a domingo. Desde que cambia el chip de su teléfono celular, ya que tiene un número para su vida diurna y otro para las llamadas nocturnas. Cobra 100 dólares por una despedida de soltera y 50 cuando baila con máscara en el local “Miss Candela”, ubicada en el quinto anillo externo de la capital oriental.
“Un buen fin de semana” puede dejarle ingresos de 300 a 400 dólares, ya sea bailando en cumpleaños, despedidas de soltera, o en el local. Sin embargo, cuando llega el invierno, no se tiene mucha afluencia de clientes, por lo que baila los demás días de semana también.
“Se puede trabajar de manera individual, dejando anuncios, más que todo, depende de los contactos, de lo buenos que sean, como también del show en el escenario, del cuerpo, pero sobre todo de mover la cadera y, claro, existen quienes prefieren un buen dotado”, grafica sonriendo.

VIVIR DE LO SENSUAL
Los padres de Jairo desconocen su oficio, puesto que ellos viven en la ciudad de Montero, de donde R.G. es oriundo, por lo que va al menos dos veces por mes a visitarlos y a darles algún monto para sus necesidades básicas, pues tiene además un hermano de 16 años que vive con ellos.
Su oficio es también su mejor secreto pues, según manifiesta, “cuando la gente sabe que uno es estríper, provoca algo de rechazo, o marginación de gente conservadora”, sin embargo, en esta actitud Jairo detecta cierta hipocresía.
Varios de sus amigos o conocidos que se dedican a esto, tienen entre 18 y 35 años, y como él, iniciaron en el baile erótico para mejorar su calidad de vida y para “darse gustos”, pero admite que es indudable que muchos terminan siendo egocentristas, lo que les impide formalizar relaciones o establecer noviazgos duraderos.
“Muchos amigos se dedican a esto para pagarse sus estudios o mantener a sus familias, es algo que se va dando de manera natural, si gustas del baile y si tienes ‘músculos’ y carisma”, relata.
Como todo rubro informal, el estriptis está estrechamente ligado a la precariedad salarial y a la falta de oportunidades laborales, sumado a que a los estríperes poco les importa vivir en el lado informal de la economía, por tanto, no se encuentran protegidos por las normas laborales, vale decir que no tienen aguinaldo, vacaciones, pero tampoco lidian con un salario mínimo.

GAJES DEL OFICIO
A diferencia de lo que ocurre en el denominado “table dance”, donde las o los jóvenes no pueden ser tocad@s por el público, sino solamente cuando ponen un billete en sus caderas, los estríperes permiten que se los toque a gusto a quienes pagan el baile, guiando incluso generalmente las manos de las tímidas bajo su tanga, pero a veces este atavío y los tirantes delgados que lo componen, laceran las caderas del danzante, por lo que si se tiene un público alcoholizado y excitado, es posible salir lastimado.
“Muchas mujeres nos agarran los genitales, nos rasguñan, nos dan nalgadas y nos quieren arrancar la tanga. Una vez una clienta me agarró (el pene) y por más que le suplicaba que me suelte, más me apretaba”, describió Jairo, con un gesto como recordando –según confiesa– algunas mordidas en circunstancias que si las relata, repercutirán en el pudor de varios. Existe pues desenfreno en las clientes, empero, dice que quienes incurren más en estas acciones son las jóvenes al calor de la danza cadenciosa.

QUE COMIENCE EL SHOW
Hace calor y la ventilación es mínima. Luces tenues y otras que se prenden y apagan, una pasarela corta es el escenario. Jairo sale enmascarado tras una cortina a una suerte de living compuesto por tres sofás, e instantáneamente los gritos femeninos ensordecen al auditorio.
Las que van por primera vez son identificables, están nerviosas, se les nota en el rostro cierta actitud de culpabilidad, como si estuvieran pecando. Las que ya son clientas, son más espontáneas y empiezan a jugar con el morbo, la procacidad y la transformación es palpable. Algunas le ponen billetes durante el baile.
La música mezclada con el alcohol y el humo de los cigarrillos, ocultan un olor rancio que proviene del piso. El “pene” de Jairo es el principal protagonista para muchas; escoge a una de las mujeres y la sube a la pasarela.
Las hace bailar mientras de rato en rato les susurra algo al oído, les sube y baja la falda animándolas a hacerlo por sí mismas. Todas son solteras para él, sin embargo, mientras la noche se hace más profunda, el surrealismo se apodera de la escena. Algunas beben ron de su ombligo y le practican sexo oral. Lo último, según Jairo, le ocurre de tres a cuatro veces por noche, más cuando acaba la hora pagada, cuando la festejada generalmente termina teniendo sexo con el bailarín, según confiesa.
Si bien en esta oportunidad Jairo hizo el papel del Exterminador, otros bailarines en salas continuas hacen también el papel de, por ejemplo, un vaquero, un romano, Batman, un mago, militar, obrero, Spiderman y otros.
Todo se paga. La foto con el bailarín, los privados, las copas que algunas les invitan a ellos por las cuales perciben un porcentaje, deben ser pagadas, hasta las peticiones más inusuales. El público femenino es heterogéneo, pues van mujeres de todas las edades, desde adolescentes hasta sexagenarias, de condiciones económicas y fisonómicas diversas, con la finalidad –según Jairo– de que alguien les haga sentir bellas, sensuales, deseadas, “aunque sea durante una hora”.

HERRAMIENTA ‘BOMBA’ DE TRABAJO, LA TANGA
Creada en 1974 en Brasil por Carlo Ficcardi, es sin duda junto con la musculatura, la principal herramienta de trabajo de Jairo, juntamente con las máscaras o disfraces que le facilitan en Miss Candela, donde según la fantasía de las clientes, se monta un show, que a veces raya en el fetichismo cuando piden que dance con prendas que simulan ser de piel de leopardo o cebra, de cuero negro con cierres, incluso hay ropa interior comestible, que tiene un valor que es agregado a la cuenta final

DATO
En una investigación sobre este “arte”, se tiene que los hombres que se atrevieron a esto lo hicieron a principios de los años 80 del siglo pasado, de manera muy discreta, pero fue a partir de la década de los 90 cuando la actividad tomó auge y se volvió audaz, al grado que algunos van más allá y se prostituyen, aunque nadie lo reconoce, y otros se especializan en espectáculos para homosexuales