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domingo, julio 01, 2012

Casual e insólito viaje al mundo porno argentino

Nunca había estado yo en un club swinger y, por eso, supongo, se comprenden los nervios. Y se acrecientan en esta enorme y desafiante medianoche de un sábado porteño. Entro. Un regordete y dorado gato japonés, Maneki Neko le llaman, mueve incansable el brazo izquierdo en permanente saludo que luego, también, hará de despedida.

“¿Qué hacés, Beto?”, saluda, casi al unísono, una pareja de cuarentones que entra segundos antes que yo y, luego de entregarle un billete al administrador-portero-guardia, traspasa la cortina tras la que se escucha a todo volumen una melodía bailable ochentera.

El ademán automático, repetitivo, desesperante de este amuleto oriental -que, se nota, está muy de moda en la superstición y rutina de los negocios argentinos y que en La Paz proliferó al lado de ekekos y miniaturas en la reciente Alasita- termina, paradójicamente, por eliminar la tensión y los nervios.

Cuenta Milena Hot: “Casi todas las parejas que vienen ya están habituadas, se conocen entre casi todos, conocen bien el lugar, la movida, saben que acá hacemos todo para que estén cómodos y tengan reserva absoluta”.

Cuenta Victoria Luna: “¿Que por qué hago porno? Por desafío, porque me divierte, porque creo que aporto, porque me parece un trabajo especial que intento mejorar en cada oportunidad... por dinero no, ya que no se podría vivir ni haciendo una peli todos los meses”.

El pequeño y oculto club swinger (de intercambio de parejas) se llama El Sótano y está en el popular barrio de Flores. Los “máximo diez minutos de espera” que prometió Beto hasta que lleguen Milena, la actriz, y Rubén Danilo, el productor, a quienes quiero entrevistar sobre la movida porno argentina, se hacen fácilmente 20 o 30, suficientes para que yo empiece a pensar “quién me manda a venir por estos lares, solo y a esta hora” o, peor, “¿en qué maldita hora se me ocurrió esto de hacer un reportaje a medianoche en una zona tan remota de Buenos Aires?”.

Si, como dicen, todo se puede esperar de la inconmensurable capital argentina, casi todo -también- cabe del buen Sergio di Nucci, escritor, periodista, extraño porteño trashumante y enamorado de Bolivia y los bolivianos que, enterado de mi viaje, un día me escribió: “Che, ¿ y por qué no aprovechás y hacés un reportaje del mundo porno gaucho?”. Y aquí estoy.

Sigue Milena: “Yo no me dedico sólo a las películas, hago shows de desnudismo, de sexo en vivo y directo, animo fiestas y festivales' a las parejas swinger, acá y, claro, baile, tubo y striptease también”.

Sigue Victoria: “A la hora de filmar debo ser la mujer más relajada que hay. No sé las experiencias de otras pero con los equipos con los que he trabajado, tanto en el ámbito nacional (más de 20), como en el exterior, se han logrado atmósferas que, sin ser de solemnidad, son de mucho respeto. No sé lo que la gente piensa, pero siempre tiene que haber un orden y un trato especial para llevar a cabo este trabajo”.

El submundo swinger

A Sergio le debo el contacto con Milena Hot -“la estrella porno argentina con mayor proyección en el mundo”-, el valor para lanzarme a recorrer siete kilómetros en dos colectivos rumbo a Flores después de enésimas preguntas a los peatones noctámbulos, y luego el haber podido entrevistar a todos los personajes de este que es un intento por trazar un panorama más o menos aproximado de este fascinante y, qué no, difícil y perturbador tema.

A Sergio, entonces, le debía todo (¿o me la debe él?), vine a caer en cuenta estando sentado ya un buen rato en un vetusto sillón de cuerina de El Sótano, sin más que hacer -hasta que lleguen Rubén y Milena (que con Victoria conversamos en otra ocasión)- que inventariar mentalmente el decorado kitsch: discos de vinilo de Chuck Berry, Donna Summer y Sandro pegados a las paredes forradas con tapiz sintético, e intercalados con afiches de Milena Hot en poses provocativas y el logo del auspiciador Speed Unlimited' un energizante, claro está.

Milena Hot mide no más de 1,70 de altura, está más cerca de los 35 que de los 30, es morena, de curvas generosas y rostro impasible pero pícaro a la vez.

Cuenta Milena: “Como todo, este rubro también se renueva, mejora' pero pasa que en Argentina el tabú está en todo' pasa con los swingers, con la gente que hace porno, con los gays' la falsa moral es constante y eso que se aprobó la ley del matrimonio homosexual”.

Rubén Danilo, director y productor de películas condicionadas, además de promotor del Festival Internacional del Cine Erótico (FICA), y pareja de Milena, es una de las más populares personalidades de la industria para adultos de este país.

“Acá en Argentina -dice- hay un submundo dentro del porno, que es el swinger; submundo porque es para una élite reducida, en este caso, gente de clase media para arriba, bien instruida y con buen nivel cultural”.

Por eso extraña que este subgrupo tenga uno de sus principales centros de reunión en un barrio más bien popular y modesto, como es Flores. Y es que si de Buenos Aires se trata, todo se puede esperar, imaginar, realizar.

Cuenta Rubén Danilo (guiando a través de la sala de baile, el bar y cuatro o cinco “privados” separados por cortinas): “Por acá vienen las parejas, tríos y grupos' o como quieran, después de bailar, quedar en algo y luego de tomar un trago; entonces van a lo suyo y hacen lo suyo en donde se sientan más cómodos”' y señala sofás a un lado, bancas sin espaldar por allá, camillas o colchonetas, más acá' divanes y taburetes altos, bajos, largos, redondos' eso sí, todos con un tapizado suave y esponjoso.

Los swingers argentinos y en general de todo el mundo, cuenta, son normalmente gente bien educada, criteriosa y equilibrada que “sabe a lo que se está metiendo, pues alguien de extracción pobre y con poca formación difícilmente aceptaría ver a su mujer con otro tipo'”.

Triple x por tres

César Jones es otro productor / director de cine para adultos, quien apenas habla y escribe deja entrever un estilo muy diferente al de Danilo; y este sello -aseguran los que lo conocen- es más que evidente en sus filmes.

“El porno, en tanto topografía incierta -cuenta vía email- se me presenta como campo fértil para tentar hipótesis, sugerencias, explicaciones parciales e interrogaciones varias sobre el ser humano y su problemática' sus goces y misterios en tanto entidad erótica”.

Semejante respuesta no hace más que confirmar algo que Sergio me advirtió cuando al fin me animé a hacer el reportaje: “Danilo y Milena son el rostro más popular del porno local, el que me gusta, pero hay otro costado promovido por Jones, que es como más exquisito y fuerte a la vez, un porno diferente, pensado' que gusta al mortal común, sí, pero también a la facultad de letras, a los “intelectuales” que le dan bola a sus filmes, porque escapan a estereotipos”.

Del ala de Jones es Victoria Luna. Cuenta Victoria: “Me inicié hace varios años, pero debo decirte que ya era grandecita, lo que ahora se denomina una ‘milf’ en el porno. Lo hice simplemente porque me dije a mí misma ¿por qué no? A veces en la vida uno quiere llegar a algo; obtener ciertos logros trascendentes, personales, altruistas' y en este caso en particular, como le podría pasar a cualquiera por la cabeza, me dije ¿por qué no?... Lo intenté y, ya vez, parece que gustó mi presencia”.

Pero por lo visto más allá de los niveles o tendencias en los que trabajan Danilo y Jones hay incluso una tercera vertiente en el ambiente del cine triple X argentino: la profesional-convencional, la más comercial y difundida de la mano de Victor Maytland, el pionero de la industria.

Es casi imposible contactar a Maytland cuyo cine se exporta regularmente y se ve sobre todo en Venus, el más conocido canal triple X de Sudamérica. Uno de sus principales socios y colaboradores, David Bellini, a cuyo encuentro me fue imposible acudir en los pocos días en Buenos Aires, dejó entrever en un e-mail sus diferencias con “los otros” cultores de esta industria, e incluso sus reparos porque nos acercamos primero a ellos.

“Con Milena y Danilo no tengo ningún conflicto personal, pero no los reconozco como pornógrafos importantes' (lo que hacen) no puede compararse con las 200 películas de Maytland, ni con las 15 de Jones, ni siquiera con mi único largometraje -ocho actores y siete actrices-”.

Más simple es la visión de Jones: “cada propuesta es un tipo de porno. Luego los rótulos corren por cuenta de quien los adosa. ¿Me preguntas si tengo un estilo “artístico”? No creo haber adquirido un estilo, quizá esté en progreso, de todas formas no es algo que deba interesarme. Mientras le dé cauce a mi mirada sensible con todo el esmero que me sea dable proveerle, como lo he venido haciendo hasta ahora, estaré en tensa paz con mi espíritu”.

Con todo este aparato a la vista amplio y complejo, aún persiste la duda de si hay o no una industria triple X argentina, en todo el sentido de la palabra.

“Ahora mismo, -cuenta Danilo- hay cuatro o cinco chicas más que hacen porno digamos que regularmente' pero ninguna como Milena. Hay también varias productoras, pero no alcanza para formar una industria estable; en este momento no hay nadie filmando”.

El empresario no desconoce lo hecho por Maytland entre los 80 y 90 (más allá de críticas y reparos), pero agrega: “fue el pionero, pero con un tipo de películas técnicamente malas, porque quiso mezclar la parodia con comedia y con sexo, y lo hizo mal. Y ahora ese estigma persiste sobre el porno Argentino sobre todo en Europa”.

Cuenta Victoria: “en Argentina nadie vive de esto, yo tampoco, claro; porque la infraestructura económica no es solvente y porque el nivel no se compara con las grandes producciones del exterior, donde se tiene que competir y vender”.

“Creo que la falta de dinero e inversión se notan en el producto; así también a algunos directores, de los pocos que llevan adelante la producción, les falta capacitación' claro, no a todos”.

Cuenta Milena: “Lamentablemente no tenemos actores estables (mi caso es aparte). El rubro no está bien. La imagen más visible es un director (no dice el nombre, pero se infiere) que no fue lo más aconsejable para el género, que si bien fue el pionero en los 80, no dio buena imagen; en los 90 hubo una camada de actrices muy buenas, pero el egocentrismo de esta persona hizo que se pierda la oportunidad de estabilizar el medio”.

Los anaqueles y las cabinas telefónicas del centro de Buenos Aires -en la 9 de Julio, el Obelisco, Corrientes, Callao'- están empapelados de volantes en los que voluptuosas chicas ofrecen sus servicios sexuales desde 15 dólares.

Muchas de las decenas de librerías de viejo, que en este circuito abren hasta pasada la medianoche, tienen sus salas privadas en las que venden revistas y CD pornográficos. La TV local rebalsa –a partir de las 22:00- de avisos de “acompañantes”: para hombres, mujeres y gays'

La industria sexual en este país no sólo existe sino que es próspera y en expansión, más allá de diferencias, gustos, opiniones y confrontaciones.

Como en todo, para que una oferta prospere tiene que haber demanda' y una mínima pero fehaciente muestra de esto es el flujo constante que en menos de una hora llenó el recóndito y modesto El Sótano del que muy amablemente Danilo y Milena me despachan poco antes que den las 3:00, porque a esa hora la cosa empieza a ponerse más densa.

Sobre el Maneki Neko, la web dice: “si saluda con la pata derecha: se dice que trae prosperidad y dinero, si saluda con la pata izquierda, atrae visitas' si es de color plata o dorado, suerte en los negocios”. Aún puedo ver sonreír, y entiendo mejor los motivos, a aquella grotesca figura zurda y dorada de la mesita de vidrio en el tétrico recibidor de El Sótano.

¿Cómo debe ser una película triple X?

Rubén Danilo: “Quien piense que a la gente le gusta poner el CD y ver sexo puro, directo y desde el principio, se equivoca' tiene que haber ambiente previo, una situación y sobre todo un giro que lleve a la impaciencia y la sorpresa.

De ahí, luego vienen las escenas clásicas que no deben faltar: una pareja teniendo sexo, una escena de lesbianismo, que a todo el mundo le gusta, hombres, mujeres, homosexuales, heterosexuales; y una escena de trío o grupal ya sea de dos chicas con un hombre o al revés.

Después ya están los filmes especializados con fetiches y diferentes gustos y estilos.